EL DESAFÍO DE EMPRENDER

EmprenderLa persona emprendedora es una persona transformadora de primera magnitud, que contribuye a la producción de nuevas ofertas y oportunidades para su comunidad. Necesitamos de los emprendedores para seguir avanzando en la construcción de una sociedad genuina, rica y solidaria.

La sociedad necesita emprendedores  y la formación tiene que proporcionárselos. Esto además es posible, aunque nos parezca muy difícil.

La formación en capacidades emprendedoras se ha tornado en una necesidad imperiosa para garantizar y avanzar en la sociedad del bienestar.

A ser una persona emprendedora se aprende, al igual que otra cosa en la vida, y de esta certeza se han de apropiar los Poderes Públicos para trabajar en consecuencia, como uno de los retos más trascendentes de este momento histórico en el que vivimos. El reto es posible en condiciones normales, y más aún, como es nuestro caso, con la generación de personas mejor preparadas de la historia, momento oportuno para generar los mecanismos para que los jóvenes se formen como emprendedores y puedan diseñar nuevas y atractivas fórmulas de negocio y empleo.

Hasta hace poco se creía que el perfil del emprendedor estaba restringido a personas especialmente dotadas por la naturaleza, sobre los que pesaba un prejuicio social bajo el cual éstos eran la excepción a la regla. Con el tiempo estamos ante la certeza de que el espíritu emprendedor está vinculado a la cultura que se vive en un pueblo, a las creencias, al estímulo social, y en general, a factores que están en el ambiente.

Para ser emprendedor no hay edad, pero si nos ocupamos de ello cuánto antes, eso que llevamos ganado; en todo caso, más vale tarde que nunca. Desde luego mejor desde la guardería.

Se abre un nuevo tiempo en el que el contexto del empleo se ha transformado radicalmente, precisándose de nuevas estrategias para dar respuestas a la inserción laboral de las personas.

La principal manifestación de la capacidad emprendedora es la habitual de las personas para constituirse en oferta. Ser emprendedor implica asumir un riesgo. Esta es una premisa básica del emprendimiento. El riesgo puede derivar en consecuencias positivas (éxito) o negativas (fracaso).

Hay una serie de cualidades que son comunes a los emprendedores de éxito y algunas pueden aprenderse y desarrollarse con la práctica y el paso del tiempo, siempre y cuando exista esfuerzo y tesón en alcanzar las metas propuestas. Hay que hacer lo que a uno prefriblemente le gusta; planificar hasta el detalle todo lo relacionado con tu negocio; valora el dinero en efectivo más que las promesas de unos ingresos que con el tiempo parece que nunca llegan; recuerda que la promoción es necesaria: lo que no se ve, no se vende; lo que no se conoce, si no se prueba, tampoco; busca y encuentra clientes fieles, de ellos depende el éxito, dedícales el tiempo que merecen; muestra siempre una imagen profesional, tuya y de tu negocio. La reputación se construye; domina las nuevas tecnologías, te permitirán crecer a un ritmo nunca conocido por negocios exclusivamente físicos; rodéate de los mejores y de aquéllos en los que confíes plenamente, identifíca constantemente nuevas oportunidades de negocio; hay que que saber adaptarse a los cambios; fórmate en todo aquello que no conozcas en relación a tu negocio y déjate asesorar en todo aquello que no domines. Sé un buen negociador y nunca des nada por perdido.

Para emprender hay que partir de una idea. Nadie inventa nada nuevo, porque no existe un problema que resulte fácil de detectar. Sólo analizando con mucha persistencia todo el entorno podremos descubrir algún problema del que nadie antes se ha ocupado, alguna necesidad no satisfecha.

Los nuevos autónomos deben ser conscientes de que deben iniciar su actividad sólo si han detectado una oportunidad de negocio, una necesidad del consumidor no atendida adecuadamente o, simplemente conocen un sector concreto que debe mejorar.

Cuando el autoempleo se convierte en una necesidad ante la escasez de ofertas laborales, en vez de una idea que genere una oportunidad de negocio, es muy probable que la actividad sea efímera, debido a una falta de planificación e, incluso, de conocimientos para iniciar y consolidar ese negocio.

El pensamiento lógico tiene una parte rutinaria que permite solucionar problemas de una manera mecánica y cómoda. Pero es el pensamiento lateral  de Edward Bono, es el que lleva a soluciones creativas, obliga a pensar. La creatividad se pone en marcha cuando se junta con la acción, con el esfuerzo y con la intención. Los dos son complementarios. Mientras que el pensamiento lateral es creativo, produce las ideas, las selecciona y las utiliza.

No hay que ser impulsivos a la hora de iniciar la actividad como autónomo (o como empresa), ya que es un trámite que se realiza en un sólo día, pero sin Plan de Viabilidad, un Plan de Negocio viable, un mercado de consumo atractivo ni financiación suficiente ¿Durante cuánto tiempo podremos mantener la actividad?.

En los próximos post detallaremos como realizar un Plan de Viabilidad o Plan de Negocio, que será no sólo la guía de nuestro futuro negocio, sino también nuestra carta de presentación a la hora de buscar  fuentes de financiación.

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